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Memorándum

Memorándum: Contaminación y poblaciones de peces

By noviembre 26, 2017 No Comments

Por D. José V. Tarazona Lafarga

Otro de los problemas que afectan, muchas veces de forma drástica, a los peces es la contaminación de nuestras aguas.

Los peces de muchos de nuestros ríos han desaparecido o han sido esquilmadas por la contaminación industrial, urbana o agrícola. El efecto más visible son las grandes mortandades, pero además, hay otros muchos efectos llamados “subletales” que pueden a la larga ser incluso más perjudiciales.

Algunos tipos de contaminación (por ejemplo la contaminación orgánica o la térmica) propician la sustitución de las especies sensibles por especies resistentes, en otros casos, los efectos pueden ser más complejos, como ocurre con las sustancias tóxicas, las cuales tienen capacidad para producir todo tipo de efectos perjudiciales, acumularse a lo largo de la cadena trófica, e incluso ser un peligro para el propio hombre al consumir agua o peces contaminados. Además, muchas de estas substancias pueden permanecer en el medio muchos años después de haber sido vertidas, de forma que nos encontramos con ríos afectados incluso decenas de años después de haberse cerrado la industria, mina, etc. causante del problema.

La contaminación es una consecuencia directa del desarrollo tecnológico del hombre y se caracteriza porque:

1º.- Es una consecuencia, no un fin, es decir, nadie pone una industria en un río con el objetivo expreso de contaminarlo. La contaminación se produce cuando el hombre se “deshace” de algo que no tiene utilidad.

2º.- Lo importante no es la contaminación en sí, sino sus efectos. Una industria, una ciudad o una granja siempre contaminan, lo fundamental es que la contaminación que produzcan pueda ser asimilada por el medio natural sin que origine alteraciones. El nivel máximo aceptable de contaminación debería ser aquel que no produce alteraciones en el medio receptor.

3º.- La contaminación es predecible. A diferencia de lo que ocurría hace algunos años, hoy en día disponemos de sistemas fiables para poder predecir los niveles de contaminación que se van a producir como consecuencia de una actividad humana concreta. Del mismo modo, podemos predecir el efecto de esos niveles de contaminación sobre el medio ambiente en general y las poblaciones ícticas en particular.

De estas tres características se desprenden fácilmente las siguientes conclusiones:

1a.- Contaminar suele ser más barato que depurar; por lo tanto, sólo la fuerza legal y la presión social pueden obligar a que se controlen los niveles de contaminación.

2a.- Los efectos de la contaminación pueden pasar inadvertidos hasta que ya son irremediables, por lo que deben utilizarse sistemas de alerta que nos permitan detectar alteraciones cuando todavía estamos a tiempo de buscar medidas correctoras.

3a.- Puesto que los que nos interesan son los seres vivos, tanto los sistemas de predicción como los de seguimiento deben enfocarse en la valoración de daños sobre las poblaciones y ecosistemas.

Por desgracia, tenemos numerosos ejemplos de como la contaminación puede originar terribles daños sobre las poblaciones ícticas. De hecho, las mortalidades de peces que se observan con mayor o menor frecuencia en nuestros ríos y embalses, no son sino la punta del iceberg de un problema mucho mayor y que incluye, además, disminución en la capacidad reproductiva, problemas de engorde, incrementos en la aparición de enfermedades infecciosas, desaparición de especies, etc.; existen otros muchos problemas que pueden afectar a las poblaciones de peces, de forma que la prevención y control de los problemas ligados a la contaminación no garantizan, por si solos, la existencia de poblaciones saludables, ahora bien, lo que sí es claro y definitivo, es que sin esa prevención y control, nunca podremos alcanzar la situación que deseamos para nuestras aguas y recursos pesqueros.